divendres, 4 de juny del 2010
CAPÍTULO 1
Habrían de pasar muchos años antes de que Max olvidara el verano en que descubrió, casi por casualidad, la magia. Corría el año 1943 y los vientos de guerra arrastraban al mundo corriente abajo, sin remedio. A medianos de junio, el día en que Max cumplió los trece años, su padre relojero e inventor a ratos perdidos, reunió la familia en el salón y les anunció que aquél era el último día que pasarían en la que había sido su casa en los últimos diez años. La familia se mudaba a la costa, lejos de la ciudad y de la guerra, a una casa junto a la playa de un pequeño pueblecito a orillas del Atlántico.
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